Ladrar es un comportamiento natural, que refleja el estado emocional del perro. No se trata de un lenguaje. Los ladridos distan de ser el único medio de comunicación al alcance de los perros. Puede ocurrir que los ladridos sean más fuertes en ausencia de su dueño.
Ejemplo:
Un cachorro oye que alguien se acerca a la puerta de la casa, el miedo a este intruso se traduce en ladridos.
Luego el cachorro oye que el intruso de aleja. ¿Qué ha aprendido con esta experiencia? “¡He ganado! Cuando ladro “¡los intrusos se marchan!”. Esta experiencia, repetida días tras día, le enseña a asustar a la gente con sus ladridos.
Lo que no debe hacerse:
- No hay que tratar de gritar más fuerte que el perro (él entenderá que quiere acompañarle en sus ladridos).
- No hay que pedirle sosegadamente que se calle, y muchos menos acariciándole (si ladraba para que usted le hiciera caso, se ha salido con la suya).
Lo que si debe hacerse:
- No le haga caso.
- Castíguele o sorpréndale de manera sistemática y significativa mientras el perro ladre.
¿Cómo incluir sobre el perro mientras usted no está en casa?
Los especialistas han ideado dispositivos automáticos, gracias a los cuales, en ausencia del dueño, el perro aprende a mantener la calma. Es el principio del collar-spray educativo antiladridos. Este collar vaporiza aroma de limón debajo del morro del perro. El efecto sorpresa de este olor inesperado basta para interrumpir al perro en su comportamiento inadecuado.
Dicho dispositivo es eficaz (ha sido sometido a las correspondientes pruebas en la Escuela Veterinaria de Nantes), indoloro e inofensivo (no existe ningún efecto secundario, ni siquiera para el olfato). Y, si desea que el perro vuelva a ladrar, bastará con quitarle el collar.



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