Sep
25
No malcriemos a los perros.
Septiembre 25, 2008 |
Uno de los errores más habituales, el que más problemas de comportamiento ocasiona, es tratar a nuestro perro como el niño o la niña de la casa, como si fuese un ser humano.
Un perro es el producto de su entorno, del trato que recibe, de su educación, él nos ve como uno de su especie, espera de nosotros un comportamiento canino, no tenemos que olvidar que lo que él necesita para ser feliz, en una actividad responsable, justa y equilibrada.
Las características que identifican a un perro con exceso de mimos suelen ser, hiperactividad, ansiedad, híper-protección de algún miembro de la familia (generalmente el culpable del exceso de los mimos), agresividad con extraños, timidez excesiva, etc.
Los cuidamos como eterno cachorros, les hacemos totalmente dependientes e incapaces de tener su propia vida. Si por cualquier motivo se tienen que separar de sus dueños, lo más seguro es que caigan enfermos; anorexia nerviosa, diarrea o estreñimiento emocional, aumento de stress emocional, lo cual les debilitará el sistema inmunes y, a consecuencia de ello, puede padecer otra serie de trastornos físicos.
Intentando que nuestro perro sea feliz, lo único que conseguimos es un “ser, no será un perro, completamente infeliz e inadaptado. Los perros necesitan de nuestra atención, de nuestros cuidados, de nuestro cariño, pero también necesita su espacio vital, de una cierta distancia para poder vivir su propia vida como perros.
No hay que olvidar que el perro es un animal social que vive en jaurías o manadas. Estas son estructuras sociales cerradas de forma vertical, esto quiere decir que hay un líder indiscutible, un numero 2, 3 etc.… cada cual ocupa su sitio en la pirámide. Esto es esencial para el buen funcionamiento de la manada, sin líder no hay orden y sin orden no hay supervivencia. Es un sistema dictatorial, con un respeto absoluto a las normas impartidas por los superiores, no negocian, no hablan para llegar a acuerdos, todo es por que sí, porque el líder así lo desea, y es en esta estructura rígida donde los perros son felices, ninguna otra.
Nada más llegar a nuestro hogar, el perro considera a nuestra familia, su jauría, él es el último, está en la base de la pirámide, todos están por encima de él y así debe seguir siendo. Hay que fijarle normas exactas y siempre iguales, si esto no ocurre, su instinto le va pidiendo que vaya escalando puestos en la pirámide, y poco a poco se ira convirtiendo en el jefe de la manada, y se comportará como el tirano que su nuevo puesto de responsabilidad y su instinto le exige.
No hay que olvidarse que aunque el perro, momentáneamente no muestra agresividad, tarde o temprano lo hará, puede que sean dos meses, dos años, pero, en algún momento intentará corregir una actitud que él como jefe de la manada, considera inadecuada, y su forma de hacerlos es un mordisco.
No tememos que olvidar, mimos sí, cariño sí, atención sí, pero siempre en su justa medida. “Todos los extremos son malos”.
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Que razón tienes, a mi Kosita me ha costado un poco, pero al final entiende que es lo que está bien, donde puede estar y donde no puede estar. Aunque luego a mi espalda siempre me la juega. jejeje